Un espectáculo chabacano, degradante, desagradable, incongruente, hipócrita y circense. Estos adjetivos no alcanzan a describir lo que sucedió en la sesión inaugural de un nuevo período de sesiones ordinarias del Congreso de la Nación con el discurso que el presidente Javier Milei pronunció, más atiborrado de alusiones escatológicas a la oposición y a otros actores políticos que a la definición de políticas e iniciativas para el año en curso.
El inicio de la función circense en la que el payaso principal fue el propio mandatario, pese a haberse podido percibir un preludio con el frío saludo suyo a la vicepresidente y anfitriona Victoria Villarruel; se produjo poco después de comenzar la alocución cuando se cruzó con parlamentarios opositores. A partir de allí, la cascada de improperios, comentarios y alusiones personales de mal gusto inundaron el recinto con un jefe de Estado desubicado e ignorante del lugar y la ceremonia en que se encontraba. Un jefe de Estado, precisamente por serlo, no debería convertir un recinto de sesiones en una cancha de fútbol comportándose como barrabrava y llamando a la violencia más abyecta en que alguien con tamaña responsabilidad institucional puede incurrir. Cuando un payaso se muda a un palacio, éste deja de serlo para convertirse en un circo, precisamente lo que hizo Milei este domingo por la noche, rodeado de un corte de bufones aduladores sin capacidad de raciocinio.
No está de más hacer mención de la ensalada conceptual que obligan a pensar y a exigir el título de Licenciado en Economía que, aparentemente, ostenta el presidente. Confundir fascismo y socialismo; afirmar que disminuye la desocupación, pero aumenta la cantidad de gente buscando trabajo, son dos de las barrabasadas pintorescas más grotescas que salieron de la boca de quien se erige como cacique máximo de una tribu de simios aplaudidores.
Asimismo, aludir a presuntos logros como la baja de la inflación, pese a que desde mayo de 2025 aumenta incesantemente, habla a las claras de un presidente que no se encuentra en sus cabales y ha sido absorbido por un grupo de obsecuentes para aislarlo de la realidad que millones de argentinos padecen cada día sin que Milei se entere y, por supuesto, haga algo al respecto.
Hay otros aspectos que resultan bastante opacos, para ser benévolos. Las alusiones a empresarios como Paolo Rocca resultan contradictorias si tenemos en cuenta que el Ministerio de Capital Humano encabezado por Sandra Pettovello conformó un equipo a partir de sugerencias de asesores por el propio Rocca. Las críticas al kirchnerismo y al gobierno de Alberto Fernández caen en el saco de la hipocresía porque hasta el mes de enero, quien estuvo a cargo del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) fue Marco Lavagna, heredado del gobierno de Fernández. No olvidemos a Daniel Scioli, vicepresidente de Néstor Kirchner, gobernador de la provincia de Buenos Aires del kirchnerismo y candidato a presidente del Frente para la Victoria (FpV) en 2015. Amén de ellos, el ex jefe de Gabinete, Guillermo Francos, también fue funcionario de Fernández. O Milei vive en una burbuja o tiene una gran capacidad para mirar a otro lado cuando del prontuario de sus funcionarios se trata.
El nivel de violencia y de vulgaridad que se vivió este domingo no fue visto nunca en los 43 años de democracia. Así como han pasado con más o menos pena y gloria los distintos gobiernos, el de Milei también pasará. Pero no olvidemos qué es lo que sucede cuando un simio chillón se trepa demasiado rápido al árbol: más estrepitosa resulta la caída.