A través del Decreto N°81/2026, publicado en el Boletín Oficial el pasado martes, el presidente Javier Milei y el ministro de Defensa, teniente general Carlos Presti, dispusieron el traslado del Sable Corvo del general José de San Martín de las instalaciones del Museo Histórico Nacional al cuartel del Regimiento de Granaderos a Caballo, situado en el barrio de Palermo, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. La decisión, contraria a los deseos y a la última voluntad del brigadier general Juan Manuel de Rosas, a quien San Martín le legó el tan preciado objeto, provocó el rechazo de historiadores y de descendientes de Rosas. También refleja la falta de seriedad, el desconocimiento y el poco interés de quienes gobiernan por, en este caso, respetar la voluntad de quienes nos antecedieron en vida. Si así se comporta el gobierno de Milei con los próceres, ¿qué podemos esperar los argentinos que no nos hemos destacado sobresalientemente en los servicios a la patria?
Entre las justificaciones citadas en el Decreto, se mencionan razones de seguridad, respeto histórico e institucional. Lucía Ezcurra, descendiente directa de Rosas, alegó que toda la novela es producto de la negativa de parte del Museo Histórico Nacional de prestarle a Milei el Sable Corvo. En medio de este conflicto en 2024, renunció el director del MHN, el historiador Gabriel Di Meglio, profesional de la disciplina y más que calificado para dirigir una institución de tanto prestigio como es el Museo. Recientemente, la Asociación Argentina de Investigadores en Historia (ASAIH) expresó su rechazo a la decisión oficial, a la que calificó de error en términos de política cultural y de conservación del patrimonio histórico. Tras la publicación del Decreto, renunció la reemplazante de Di Meglio, la licenciada María Inés Rodríguez Aguilar, licenciada en Historia y Archivista de la Universidad Nacional de Córdoba.
El Sable Corvo fue legado por San Martín a Rosas en reconocimiento de la defensa de la soberanía durante el bloqueo anglo-francés de 1844, en el que Francia e Inglaterra protagonizaron el conflicto en el Río de la Plata. El libertador decidió dejarle el Sable considerando que Rosas había defendido el honor y la dignidad de la Confederación Argentina frente a las pretensiones de las potencias europeas. El MHN, presidido hacia 1897 por su fundador, Adolfo Carranza, acepta la donación de quienes tenían en su poder el Sable Corvo.
El objeto de discusión, además del consabido respecto a la última voluntad de los herederos de los legatarios del Sable Corvo de San Martín; es la posibilidad de acceso al que sea, probablemente, el símbolo paradigmático de la lucha independentista americana en Argentina. En el MHN el ingreso es mucho más simple que en las instalaciones del Regimiento de Granaderos, cuyas instalaciones, por otra parte, se encuentran cerradas por tareas de remodelación. Por otro lado, en un Museo el acceso se encuentra bajo estándares de conservación bajo una mirada cultural que no se conlleva un perjuicio al mantenimiento del Sable, dado que es el propio Regimiento el encargado de custodiar el cofre en el que se encuentra el Sable en el Museo Histórico. Trasladar el Sable Corvo no es sólo hacer caso al capricho de un presidente ególatra despojado de todo interés por la cultura. También es pretender trasladar ese desinterés supino por la historia y la cultura a los ciudadanos que hoy pueden acceder a contemplar un objeto tan caro a la lucha de los americanos por la independencia en las décadas primigenias del siglo XIX.