Teletrabajo: Llegó la modernidad, se aprobó la ley y a Mario lo puso loco


Ariel Santurio* Día de aislamiento N° 184**, atravesando la cuarentena más larga del mundo, y la lectura me permitió reencontrarme con la hermosa novela de García Márquez, “El amor en los tiempos del cólera”, dedicada al verdadero amor que perdura y supera las adversidades de toda una vida, es un homenaje al amor, las aventuras, el tiempo, la vejez y la muerte. Si tuviese que hacer una analogía con esta realidad, podría llamarse “Trabajo en tiempos de cuarentena”, o “Teletrabajo en Argentina”, y aseguro que cualquiera de las dos me gustaría, tal vez porque me siento coautor de ambas, como trabajador y dirigente social, y sobre todo porque ésta última es una ley nacional de protección a los derechos de las trabajadoras y trabajadores, de la que hemos participado en el debate de su contenido y alcance.


No voy a opinar en términos técnicos y leguleyos, simplemente voy a dar mi visión como trabajador, militante social, sindical y reformista. Si bien la ley en general refleja el espíritu de protección de derechos de los y las trabajadoras, debo decir y nobleza obliga, que  4 millones de trabajadores y trabajadoras de los servicios públicos más los del ámbito docente, no estamos contemplados en esta norma. A mi criterio gran falencia del movimiento sindical, que en manos de un supuesto sindicalista, burócrata y  que desde un posible lobby (de esos que no igualan, que no amplían derechos, que discriminan), ha dejado a millones de personas sin un piso base de protección de sus derechos fundamentales. Acaso, ¿no creen en que el teletrabajo vino para quedarse?


Por qué coincido con la norma? Porque veo la agenda sindical en el espíritu de esta ley. Tiene perspectiva de género, regula las tareas de cuidado, pone en un mismo status de derechos a las y los trabajadores que realizan sus tareas laborales de manera presencial y/o remota, por otro lado los empleadores deben suministrar los elementos y equipamiento de trabajo, o establecer un sistema compensatorio de los gastos de quienes por ejemplo hasta hoy, han transformado su hogar en una oficina, respondiendo a esta obligatoriedad de emergencia del trabajo remoto.  También contempla el derecho a desconexión, poniéndole límites al empleador en contactar fuera de horario a los y las trabajadoras, protegiendo  el respeto a la intimidad y privacidad de los hogares.


El sector empresarial rechaza algunos de los artículos de la ley, por ejemplo el concepto de reversibilidad y de voluntariedad. Los empresarios han optado ser visibilizados por un vocero mediático, quien tal vez pudiese estar sufriendo una amnesia de aquella rebeldía ochentosa, de ese joven que reclamaba derechos e igualdades oponiéndose al sistema, y que por estos días sería señalado como un precarizador laboral serial. Usó  los medios de comunicación para insultar a la dirigencia sindical y a los y las representantes del poder legislativo, haciéndole creer a la sociedad que esta ley es mala. Al mismo tiempo se desempolvan voces noventosas, esas que durante una década y desde el verso de la revolución productiva, aprobaron la Ley de Flexibilización Laboral, congelaron las plantas y salarios de los trabajadores del estado, intentaron privatizar la educación pública, que fueron los máximos responsables de la pérdida de derechos de los y las trabajadoras, junto a otros socios que entregaron a la clase obrera, diciendo entre otras cosas, que esta ley es en contra de la generación de más empleo. Y claro que tienen razón! Porque esta ley  no genera más empleo  ni precario ni no registrado, como ellos acostumbraron a partir de los 90. Definitivamente desde el mundo del trabajo esta es una norma que protege y regula la modernidad laboral desde el concepto de trabajo decente.


Por último, y más que importante en mi autodefinición como militante social, sindical y trabajador, lo que me enamora, volviendo a mi analogía entre la novela con la que me reencontré y la ley de teletrabajo, es que está escrita con PLUMA RADICAL. Las diputadas y diputados de nuestro partido, previo a la media sanción de la Ley de Teletrabajo, y desde el ejercicio de un funcionamiento democrático partidario, han consultado y debatido el proyecto de ley conjuntamente con los hombres y mujeres que integran la estructura de la UCR y con las y los dirigentes sindicales radicales que integramos la Organización de Trabajadores Radicales OTR.


Lo que no se escribe en una norma, es un derecho perdido. Así que, como el teletrabajo vino para quedarse, celebro que en Argentina legislemos esta ley a favor de las y los más desprotegidos en las relaciones laborales. Sabemos que esto no es suficiente, y que el movimiento sindical deberá estar a la altura de la modernización del mundo laboral… la historia continúa y nosotros somos parte de esa redacción.


*Secretario de Interior de la Organización de Trabajadores Radicales (OTR) Nacional.


** Fecha de publicación del artículo.


 

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