Macri en Ushuaia: una visita con más pena que gloria

La visita que el presidente de la Nación, ingeniero Mauricio Macri, realizó entre la noche del domingo y el mediodía del lunes a la ciudad de Ushuaia, fue más una escala que una estadía propiamente dicha. A partir de las políticas perniciosas desplegadas por el gobierno nacional de Cambiemos para con la provincia, que va desde la apertura de importaciones con consecuencias directas en el trabajo de miles de fueguinos que quedaron desocupados hasta la quita de subsidios que en Tierra del Fuego implicaron el aumento en servicios como el gas; podríamos advertir que no tuvo prácticamente sentido útil que el presidente pase por la capital fueguina. 
 
Sin explicaciones más allá del libreto de "la fiesta de los últimos setenta años" o la ratificación del rumbo económico "que tiene que ser por acá", la escala de Macri pareció ser más para controlar las obras que se llevan a cabo con fondos de Nación y ante la necesidad de visitar uno de los distritos que había estado esquivando en los primeros tres años de gobierno junto a la kirchnerista provincia de Santa Cruz. 
 
Macri, que buscó siempre ser asociado al ojo analítico de la resolución de los problemas concretos siguiendo el ideal alberdiano de promover una nación de arquitectos, ingenieros y constructores, en franca contraposición a la proliferación de diletantes de variopinta capacidad intelectual y discursiva tan asimilada a la imagen de los abogados; hoy probablemente no pueda mostrar dotes de orador así como tampoco de solucionador de problemas. Con la inflación que sitúa a la Argentina a la par de Venezuela, la destrucción del aparato productivo y una política macroeconómica que no hace más que adular a los especuladores y financistas en perjuicio de quienes trabajan día a día en actividades productivas; Macri constituye una rara avis dada la cantidad de dificultades que atraviesa la Argentina y aún así la perpetuidad -por ahora- de la posibilidad de reelección. 
 

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